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Sarli Delgado: la mujer del bajo

Sarli Katherin Delgado descubrió hace poco que el papá de su abuela materna tocaba guitarra y requinto. También en las tertulias de sus tíos, por parte de su madre, se interpretaba música andina interpretada en guitarras. Sarli nació en 1980. Estudió organeta, percusión y vocalización en el Instituto Popular de Cultura.

Sus gustos son muy variados: Desde el latín jazz, pasando por el bolero y la salsa, especialmente de Rubén Blades –su favorito- y la Sonora Ponceña. Escucha la música de Eva Ayllón. Por supuesto, música clásica, Bach es su preferido. La música colombiana, la maestra Saavedra, de Amaretto Ensamble.

Las canciones favoritas de Sarli Delgado son: Como la cigarra, de Mercedes Sosa, De eso se trata, de María Isabel Saavedra; Flor pálida, de Polo Montañez; Cama y mesa, de Roberto Carlos; Danzón pa mi viejo, de Oscar Cartaya; Tiempos, vino añejo y Un son para ti, de Rubén Blades, Drama de la Sonora Ponceña y Gan Gan y Gan Gon, de Richie Ray y Bobby Cruz.

-¿Cómo fue la experiencia con la Charanguita de Luis Carlos, cuáles y cuántos de esos niños llegaron a ser músicos?
Me genera cosas bellísimas, recordar esa etapa de mi vida. Ha sido, lo reitero con toda mi gratitud, la más grande escuela que he tenido. Y es que abarca varios aspectos:

Siendo tan niños, nos creó un gran sentido de la responsabilidad, de la puntualidad y humildemente, del profesionalismo, el haber asumido desde tan temprana edad, este roll de músicos.

El hecho de haber compartido con los muchachos, no sólo dejó grandes amistades sino también, una gran experiencia musical. Precisamente, hablando de lo musical, lo más importante para mí, fue llegar a conocer repertorio de artistas tan importantes que sin pensarlo, más adelante, vería y palparía la realidad de éste gran legado.

Quisiera precisamente puntualizar en mi gran gusto y admiración por Rubén Blades, la Sonora Ponceña y mis favoritos Richie Ray y Bobby Cruz, con quienes he tenido la gran bendición y fortuna de tocar, sintiendo que se hizo realidad el sueño, no solo mío sino el de todos los charanguitos, porque fue finalmente, la música en la que se centró y que caracterizó a la orquesta en sus mejores años.

-¿Por qué escogiste el bajo?
En la Charanguita, el bajista era Julián Andrés Valencia y a su retiro, el maestro Luis Carlos Ochoa me dice un día, que por qué no intento con el bajo, el cual desconocía completamente, porque hasta ese momento yo me desempeñaba como vocalista de la orquesta, al lado de dos grandes cantantes, compositores y amigos del alma, Diego Armando Giraldo y Diego Javier González. Entonces un buen día, llegamos a ensayar y me dice el maestro, venga y toque algo. Sin exageración alguna, cuando yo pulsé la cuarta cuerda, la más grave, siento como me atraviesa literalmente semejante frecuencia tan maravillosa, inmediatamente pensé y exclamé “aquí me quedo, esto es lo que yo quiero hacer”. Y en efecto, así fue. Desde entonces y hasta el sol de hoy, he dedicado mi vida al bajo, en todas sus expresiones.

-En Tumbadora llegaste a ser directora musical a los 15 años?
Después de la preciosa escuela que fue La Charanguita, paso a ser parte de la orquesta femenina “Tumbadora”. Donde fui bajista y eventualmente hacía coros. Pero fue precisamente Jorge Gilkes, su director, quien empezó a tener un voto de confianza y a delegarme la responsabilidad musical de conteos, entradas y algunas cosas más, aclarando que era él quien se encargaba absolutamente de todo al respecto, entonces yo era más bien como su asistente de dirección. También fue una bella experiencia, que empezó a encarrilarme un poco más, hacia lo que sería mi carrera profesional en la música.

-En Cali se hizo posible este fenómeno de las orquestas femeninas, como escribí en mi libro Abran Paso todo un fenómeno, Cuba posibilitó un movimiento efímero en la década del cuarenta, cómo ves ese auge hoy en día, más de 20 años después?
Claro que sí, lo recuerdo muy bien porque fue una época de florecimiento musical femenino. A decir verdad, no ha sido fácil mantenerse en el medio artístico. De ahí que solo se mantengan o hayan permanecido hasta el sol de hoy, una minoría de las orquestas femeninas. Canela, una gran orquesta vigente, consolidada y de mucha proyección internacional, bajo la dirección de María Fernanda Múnera y Álvaro Cuervo, se mantiene con sus giras internacionales, dejando muy en alto el roll de la mujer en la música tanto fuera como dentro del país. Y la orquesta D´Caché, que en cabeza de Francia Elena Barrera y José Norvey Arias, también han sabido sobrellevar las diferentes situaciones y realidades en el medio y que le siguen apostando con muy buen respaldo musical, a un talentoso y bello grupo de mujeres.

-Además surgió en Zaperoco un grupo de jazz, Magenta, al cual yo le di portada en el periódico La Palabra, toda una novedad para esta ciudad, cómo surgió, en realidad cuanto duro, que efecto causó en ti como música?
Magenta Latín Jazz, fue una época muy muy especial y significativa para mí. En cabeza de Luz Stella Esquivel y Amy Schrift me convocaron para tener parte en el grupo, que ya existía. Se juntaron, con la valiosa intención de hacer Latín Jazz, lo que redundaría más adelante, en gran parte de lo que hoy soy como músico. El haber conocido repertorio de éste género, abría mucho el panorama y enriquecía este proceso que ya empezaba a vislumbrarse como una profesión propiamente dicha.

De lo más hermoso y enriquecedor en el grupo, fue compartir durante casi dos años, con la excelente pianista Lis Waxer (QEPD) quien no sólo me acogió sino que me adoctrinó con mucha paciencia y corazón, en cada uno de los perfiles que podría hacerse.  Así que sin duda alguna diría que, Magenta, dejó en mí la curiosidad de seguirme adentrando y posteriormente enamorando de este precioso género del Latin jazz.

-Tu experiencia con la Misma Gente te da mucho recorrido musical, mucha tarima, como evalúas esto, además de los viajes?
La orquesta La Misma Gente, me significa mucho, es la orquesta de mis afectos, de grandes hermanos y amigos, es mi orquesta de corazón. Ingresé en el año 2000 y a pesar de no ser muy constantes, por razones más que conocidas, nuestros conciertos y presentaciones, es una orquesta que adonde quiera que vaya, deja en claro su estilo y sonido propio porque a decir verdad, no se parece a ninguna.

No ha sido fácil permanecer, como quiera que sea, durante tantos años en el medio pero, como dicen “Lo bien hecho no solo perdura sino que no tiene fecha de vencimiento”. En lo personal, es más que un gusto, interpretar semejantes obras que componen el repertorio de la orquesta, pues es música muy bien hecha y que ha quedado tanto en la memoria como en los corazones del público de todas las ciudades y países que seguimos recorriendo.

En cuanto a lo profesional, es un repertorio de altísimo nivel, puesto que su director, el maestro Jorge Herrera, se ha preocupado por hacer de su música, un gran legado, con el mayor de los respetos hacia algo tan sagrado como lo es la música.

De igual manera, es un repertorio que me ha permitido crecer mucho más como bajista porque  no es fácil para nada, al contrario, se encuentran diversos retos “bajísticos” en cada una de sus notas. Juanita Aé, Titicó, Mira mi Piel, Caro Carolina y Festival, entre tantas otras, son canciones, que me emocionarán siempre que tenga la oportunidad de interpretrarlas.

-También tienes una experiencia con muchos cantantes salseros, en que te enriquece esto, claro, es parte del trabajo del músico, de su sobrevivencia, pero con cuál de ellos, uno o dos, sientes que ha servido.
Esto lo responderé de la siguiente manera: Si bien es cierto lo aquí mencionado, que es parte del “sobrevivir” del músico, yo debo decir que agradezco infinitamente, sin exageración alguna, el poder hacer todo el día, todos los días, lo que en realidad amo. Porque en realidad la música, el ser contrabajista/bajista, no es lo que hago, es sencillamente lo que soy.

He tenido la bendición de conocer a muchos y grandes artistas, tanto en el campo de música latina como en la música académica, me explico: A nivel sinfónico, en cuanto a música clásica se refiere, he compartido con grandes directores y músicos de fila, que me han edificado en mi ejercicio constante académico. A nivel de música latina, también he coincidido y compartido con gente que ni siquiera alcancé a imaginar.

Tengo un inmenso gusto por nuestra música colombiana, y concretamente nuestra gran canta-autora, la maestra María Isabel Saavedra con quien he tenido la fortuna de tocar y grabar en su más reciente producción discográfica.

Ha  sido una preciosa experiencia, porque además de admirarla como gran autora que es, su música ha significado un Todo en mi renacer de los últimos años. Hice de su obra y música, el más bello aliado para reinventarme cada día, con hermosas frases, hechas canción.

El año inmediatamente anterior, tuve la oportunidad de tocar con el maestro Héctor Martignón, en el marco del Festival Ajazzgo 2016. A quien, justo después de ensayar, le confesé que hacía varios años atrás, le había visto cuando vino con Ray Barretto y eso me había cambiado mi concepto musical, que me dejó sumamente inquieta y que empecé a concebir de otra manera la música como tal. Eso redundó en un gran abrazo, en una química fabulosa al tocar y en un momento inolvidablemente mágico en el escenario del teatro municipal.

Pero sin duda, la experiencia que más me emociona cuando la traigo a la mente, cuando veo los videos y fotografías, es el hecho de haber empezado a tocar con los grandes Richie Ray y Bobby Cruz. Esto ha sido, sin espacio a exageraciones, mi más grande experiencia en cuanto a la Salsa se refiere. Pero me encantaría poder contarle en persona, la anécdota que rompió el hielo entre nosotros y me permitió expresarles la gran admiración y respeto que durante tantos años, he tenido por su música.

-También tienes la experiencia académica en Bellas Artes y la participación en sus agrupaciones sinfónicas, de formato clásico, eso te da otra ventana, te exige?
Claro que sí. Una vez decido dedicarme a la música, quise hacerlo como debe ser, con toda la dedicación y el respeto hacia ella, por lo cual ingreso a Bellas Artes para estudiar Contrabajo. Si bien es cierto que antes había recibido clases de Bajo eléctrico con diferentes profesores, quise hacer mi estudio de pregrado en una institución formal y me centro y me concentro en lo que sería un hermoso periodo académico. En él, formo parte de un ensamble de Vientos y Contrabajo, de la orquesta Sinfónica Infantil y luego de la Juvenil de la institución.

Lo que más adelante me permitiría tener parte en lo que fue la “Camerata del Pacífico”, bajo la dirección del maestro Francesco Belli y en donde compartí con grandes músicos de lo que había sido la orquesta Sinfónica del Valle. También tuve espacio en mi práctica estudiantil, como Contrabajista supernumerario, de la Filarmónica de Cali. Posteriormente, en parte del ejercicio académico de Gran Ensamble, recibo un día la invitación del entonces director de la Banda Sinfónica Departamental del Valle del Cauca, a hacer un concierto, lo que me permitió empezar a tocar un Concierto de Gala al mes con ellos y que en cuanto recibo mi grado, presento mi examen formal y entro a ser parte como Contrabajista, hasta el día de hoy, de nuestra Banda Departamental. Lo que me permite el valioso ejercicio de tocar a diario en mi amado instrumento, grandes obras musicales de repertorio universal, lo que implica estar vigente y actualizado en todo sentido. El solo hecho de estar tocando todos los días, me exige estudiar y seguir creciendo cada día.

-Están surgiendo formatos de big band en Cali, es algo nuevo para la ciudad, tú participas de varias de ellas, cómo es esta experiencia.
¡Ha sido una experiencia Maravillosa!  En el Conservatorio bajo la batuta de nuestro maestro Jaime Henao, tuvimos esta práctica como parte del currículum académico pero más que eso, era un deleite juntarnos ahí para hacer algo muy diferente a lo que la escuela nos exigía.

Pasa el tiempo y un buen día, algunos de los entonces compañeros, le proponen a Jaime retomar y poco tiempo después, empezamos con nuestra Punto Baré Big Band. En la que cada miércoles nos encontramos y nos fundimos en solo sentir, como lo es la música. Es un ejercicio netamente Académico, lo digo porque quienes hacemos parte no percibimos ningún pago por ello, al contrario, es un verdadero honor poder hacer con todo nuestro respeto y gusto, lo que mejor sabemos y lo que amamos. Y ver como cada vez más gente es testigo de este hermoso espectáculo que se le brinda a la ciudad cada semana de manera gratuita, aportando y generando cultura musical.

Se ha visto un surgir de formato de bandas grandes en la ciudad, es cierto y eso, siempre y cuando se siga haciendo con respeto y responsabilidad, siempre redundará en bien para todos.

También recibí la invitación por parte del maestro Eddy Martínez, de quien conozco y admiro profundamente su obra, para tocar con su Big Band en el Ajazzgo 2016, una gran experiencia. Debo confesar que es el formato que más me gusta y que más disfruto. Me veo viejita tocando en formato Big Band.

-¿Tienes ahora una experiencia de enseñanza con niños pobres, cómo es esto, cómo es la experiencia?
Si por algo debo agradecerle a Dios y a la vida, es precisamente por tener esta preciosa oportunidad de trabajar con niños de sectores vulnerables.

Recién empecé a estudiar en el Conservatorio, mi maestro Alfredo Patiño, me llevó a conocer la Fundación Arboledas, Fundarboledas, de la cual ha derivado todo este movimiento de orquestas y bandas sinfónicas en nuestra ciudad, que le apuesta a que niños y jóvenes de sectores complejos, tengan la oportunidad de invertir mejor su tiempo libre.

Con Fundarboledas, trabajamos en el barrio Terrón Colorado y con la fundación Notas de Paz, trabajamos en el barrio Bellavista.

En ambos casos, hacemos el montaje de orquesta sinfónica, habiendo un maestro para cada instrumento y a mi cargo, está la cátedra de Contrabajo.

Aunque se ha dado el caso de estudiantes que deciden ingresar al Conservatorio o a la Universidad del Valle y para lo cual, con buenas notas obtienen sus becas, la verdad es que no es la idea inicial que ellos se vuelvan músicos de profesión. Más que eso, es simplemente darles una opción diferente de emplear su tiempo, menos televisión, menos calle, menos esquinas y que le den a la música la oportunidad de impactar en sus vidas.

Así que ver a los chicos, con instrumentos en sus manos, porque literalmente dejan de empuñar un arma por sostener un instrumento, eso llena absolutamente el alma y alegra la vida.

-¿En tu instrumento que significa Cachao para ti?
Cachao inmediatamente me dibuja una bella imagen. Fue una gran escuela, sin duda alguna pero debo decir que a mí personalmente, me han influenciado más otros bajistas.  En su momento y como tuve la oportunidad de contarle, al maestro José Gazmey lo estudié bastante. Por mi gusto hacia la obra de Rubén Blades, Salvador Cuevas, también una gran referencia. Así mismo, Efraín Hernández con todo lo que hizo con la Ponceña, Pedrito Pérez, el mismo Bobby Valentín, son puntos de referencia a los cuales en su momento he mirado y aprendido mucho.

No menos importantes, se me sale el nacionalismo, de los nuestros, Fernando Silva, Jorge Herrera, Francisco Ocoró, también han sido grandes puntos de referencia, grandes focos y a los cuales tengo mucho que agradecer también en mi formación musical. Y mí adorado maestro Rubén Rodríguez, quien impuso su propio estilo y a quien no me canso de escuchar y estudiar.

-Cómo es la presencia de la mujer entre hombres, hay mucho machismo?
Yo digo, humildemente, que hemos sido nosotras mismas en diferentes situaciones las primeras machistas. Porque está más que comprobado que, cuando se quiere, se puede. Es decir, cuando asumimos nuestro papel con toda la seriedad, honestidad, respeto y valentía del caso, tenemos asegurado nuestro espacio, nuestro lugar sin necesidad de pelear por este.

Claro que podemos, no tengo duda de ello pero tristemente la mayoría de las veces cuando no se nos dan las cosas que quisiéramos, es porque es una cuestión Actitudinal más que Aptitudinal. Por ello insisto, que “Si se quiere, se puede”.

-¿Qué piensa la Sarli Delgado de la Charanguita de la Sarli delgado de hoy en día y al revés?
La Sarli Delgado de la Charanguita, pienso que no alcanzó a visualizar, qué tan en serio asumiría la Sarli de hoy en día el bajo como tal. Aunque no lo haya tomado como un juego o unos pasatiempos, a partir de esa hermosa experiencia y con el pasar de los años, se ha ido viendo (humildemente) un hermoso florecer artístico que ha redundado solo en cosas bellas.

La Sarli Delgado de hoy en día, está inmensamente agradecida con la Sarli Delgado de la Charanguita, puesto que asumió desde muy temprana edad lo que sería su vida, su pasión, su profesión. Porque asumió el reto de ser Bajista, quizá sin pensar siquiera que sería la más grande y bella bendición. Siempre estaré inmensamente agradecida.

-¿Tú tienes una gran integración en tarima, con el pianista, con el Director, en fin, es algo que nace para vivir más el trabajo en común, Y no solo tocar bien el instrumento?
Claro que sí, es permitirle a la música que me afecte en todos los sentidos y en el mejor sentido de la palabra. El instrumento que escogí, es mi voz. Aunque ha sido un gran reto, es hermoso ver cómo se logra llegar a la gente, es bellísimo cuando la gente se arrima y me dice que sienten cada nota que toco, que sienten lo que interpreto.

Mi sonrisa mientras toco, no es más que una preciosa consecuencia por poder hacer lo que amo y el poder interactuar entre música, sonrisas y miradas con mis compañeros, es más que un sentir, todos nos conectamos y vibramos en la misma frecuencia, que redunda en un gran deleite y banquete musical. Mi bajo es una extensión de mi cuerpo, somos uno solo o mejor, somos dos en uno, es mi amado y fiel compañero y por el que agradezco día a día, somos él y yo, yo y él, “Mi bajo y yo”.

Umberto Valverde

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