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Myrta Silva más allá de “Celia”

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La familia de Myrta Silva se siente muy complacida con la exposición y proyección que la fenecida artista obtuvo en la miniserie televisiva “Celia”, que en su primera etapa protagonizan los boricuas Jeimy Osorio y Modesto Lacén.

Ya en el exilio, Celia Cruz asiste como invitada al programa de Myrta Silva en Nueva York. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Celia Cruz, ya en el exilio, comparte en 1965 con Myrta Silva en su programa televisivo en Nueva York. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Personificada por la actriz colombiana Carolina Sabino, el rol de “Myrta Silva” contribuye a promover la sensacional travesía de la leyenda puertorriqueña por la Sonora Matancera y despertar, de cara a la segunda década del Siglo XXI, el interés por su legado.

Así lo dijo en entrevista telefónica desde Fort Lauderdale, Florida, su sobrina Lynda Morán, cuya cruzada es personificar a Myrta en los escenarios locales e internacionales para mantener vigente su mito.

“Estoy feliz de que por fin alguien la ha sacado a relucir en tan importante proyecto. Ella sale mucho. Por fin sale esa parte de su vida con la Sonora Matancera y cuando se hizo bien famosa y se pudo lanzar como solista. Le dieron mucha exposición e importancia. Eventualmente, ella fue muy amiga de Celia”.

Al inicio de cada episodio de la serie aparece un aviso o ‘disclaimer’ que aclara que parte de la historia de los personajes es ficticia.

“En general, es así. Al referirse a mi tía, es ficción. Eso de que ella salió de la Sonora Matancera por un embarazo es ficción. Ella se fue, de acuerdo a lo que escuché de ella misma, porque ya era famosa y se encaminaba a desarrollarse como compositora y productora”.

Myrta, contrario a la serie, nunca tuvo hijos aunque estuvo casada con el galán azteca David Silva, quien fue su padrino. Cuenta que hasta Frank Sinatra fue uno de sus pretendientes.

Pedro Knight, Celia Cruz y Myrta comparten en Puerto Rico a principios de la década de 1980. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Pedro Knight, Celia Cruz y Myrta en Puerto Rico a principios de la década de 1980. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“A nosotros no nos importó que la proyectaran así. Ellos [la producción] enviaron un libreto a la sucesión. Se repartió entre algunas de las sobrinas y supimos que era ficción lo del embarazo. A nosotros no nos molestó por la exposición que recibió. Para mí fue como un pequeño homenaje. Todo el mundo está feliz, aunque sea ficción, porque le dan la importancia que se merece”.

La verdadera Myrta Silva

“Fue una persona linda. Ella desarrolló un carácter fuerte y mal hablado, pero lo hizo porque era mujer y en su época no existían las mujeres en el negocio. Todo eran hombres. Si no hubiera desarrollado ese carácter se la hubieran comido viva. Sobrevivió hasta el último día. En el medio, con ese montón de tiburones, sobrevivió por su carácter”.

Sin embargo, Myrta era una mujer tierna, de nobles sentimientos. Lynda compartió una anécdota inolvidable, durante una de las grandes cenas que solía organizar para sus amigos selectos.

“Como ella no tenía hijos, me entrenó. Yo tendría cinco ó seis años, cuando ya me decía (en numerosas ocasiones): ‘cuando tenga a toda esta gente aquí, yo te voy a llamar y te preguntaré de quién tú eres y vas a decir que de Titi”.

Una fragancia, una simbiosis

Por meses, Lynda Morán buscó la fragancia “Bandit”, del francés Robert Piquet, fórmula original ya descontinuada, la que Myrta Silva usó durante su vida artística. Finalmente, la consiguió, en un frasco parcialmente lleno.

Lynda Morán, sobrina de Myrta Silva, personifica a su famosa tía en espectáculos musicales. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Lynda Morán, sobrina de Myrta Silva, personifica a su famosa tía en espectáculos musicales. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Cuando la usa, Lynda siente que Myrta se encarna en su piel.

“No está entera. No está llena. Esta huele a ella. Se puede imaginar cuando abrí esa botella y me eché ese perfume después de tantos años”.

Un repertorio eterno

Sus boleros favoritos son “Tengo que acostumbrarme”, inmortalizada por Lucy Fabery, “Cuando la lluvia cae” y “Qué sabes tú”.

En las presentaciones de Lynda Morán no faltan temas “picantes”, como las guarachas estampadas en elepés como “Canciones que mi mamá no me enseñó”, editado por Tico Records.

“Esa es ella. Ella se atrevió a hacer eso cuando nadie lo hacía. “La bombonera”, “Mis dos novios” y “Ay, que bueno” eran canciones de doble sentido, pero muy fuertes. Ella era guarachera. Es interesante. Todo el mundo la conoció así, pero por dentro era romántica. Con excepción de dos o tres guarachas, los boleros que escribió eran ‘corta venas”.

Su herencia, su legado

Contrario a otros artistas, Myrta Silva (1927-1987) no murió en la pobreza. “Ella tenía bastante. Estaba muy bien cuando partió. Muy bien, muy bien. Supo administrar lo que hizo”, dijo Lynda, al añadir que los restos de Myrta yacen en el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis en La Perla.

En sus espectáculos, Lynda exhibe en uno de sus dedos una sortija de brillantes que usaba Myrta y que recibió a través de Ruth Álvarez, una prima que es hija de su tía mayor Aurea Silva.

Lynda quiere perpetuar el recuerdo de Myrta Silva en el pueblo. (Foto suministrada)

Lynda quiere perpetuar el recuerdo de Myrta Silva en el pueblo. (Foto suministrada)

“Es una sortija preciosa. Me dijo: ‘cuando titi Myrta murió, le preguntaron a mi tía Aurea si deseaba quedarse con el anillo. Se lo quitaron y mi tía la conservó hasta que murió y heredó mi prima Ruth. Eso fue lo último que usó”, explicó Lynda al recordar que el año entrante se conmemorará el trigésimo aniversario de su fallecimiento y el nonagésimo de su natalicio.

Carmen Awilda Silva es su albacea y parte de la memorabilia de Myrta se conserva en la Casa del Artista en su natal Arecibo.

Sucede que Lynda fue su asistente de producción; salían al cine, al banco, al teatro y a los restaurantes. Evoca Lynda que todo se paralizaba. Todos enfocaban su atención en la Gorda de Oro, en el mito llamado Myrta Silva.

Y casi tres décadas después de su deceso, también. Porque cada vez que Lynda Morán personifica a Myrta el público, como en un viaje al pasado, evoca los días de bulla en “Tira y tápate” por la Telecadena Pérez Perry Canal 11 y el romanticismo de sus recitales en los centros nocturnos del País.

“Estoy enamorada de sus guarachas ‘Nada’, ‘Cuchifrito’, ‘Camina como Chencha’… Me crié en su casa oyendo eso; me crié en sus ensayos. Yo iba con ella a los canales de televisión y me sentaba en una esquinita a observar cómo cantaba y tocaba las maracas. Sé sus canciones de memoria; sus gestos, respiraciones y sus tiempos. Todo eso lo puedo cantar sin ensayar. Esas canciones llenan el corazón”.

 Fundación Nacional para la Cultura Popular

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