Ruben Blades, el salsero al que le apena bailar en público

Llega al Teatro Nacional de Panamá Rubén Blades. Disciplinado. Le han traído una guitarra para la sesión de fotos y se abraza a ella como a una vieja amiga, a partir de ese momento se relaja, absorto en las notas que se elevan en volutas rítmicas llenando el espacio de la bóveda coloreada por el pintor panameño Roberto Lewis. Le piden que mire, que sonría, que se siente y él obedece mientras sujeta la guitarra más fuerte. Terminan las fotos y se acerca a mí con las manos extendidas, mira profundo a los ojos,

‘Nos sentamos donde tú quieras, donde estés más cómoda’. No hay ninguna premisa, ninguna prisa, veo a un hombre tranquilo.
Después de su parón político de cinco años, ha regresado al ruedo con nuevos bríos, acaba de recoger su sexto Grammy, ha hecho colaboraciones con Calle 13, está preparando un concierto gratuito en Venezuela con Gustavo Dudamel que presentará su ópera Maestra Vida, y está a punto de estrenarse “La Cristiada”, una película mexicana donde comparte cartel con Andy Rodríguez y donde interpreta al ex presidente mexicano Plutarco Elías Calles. Pero Rubén Blades parece ajeno a cualquier cosa que no sea el aquí y el ahora.

Tiene la maravillosa capacidad de poner en sus letras la vida misma, sentimientos y sensaciones. Es uno de los grandes de la “salsa intelectual” y lo llaman “el poeta de la salsa”. Él niega ser una cosa u otra, pero en la conversación entreteje sus historias con citas de Camus, hace referencias a Nietzsche, a Chomsky y cuenta que últimamente ha leído mucho sobre la transmisión genética de la memoria, a la vez, adereza las historias con alusiones a la luz de un determinado día, a los olores, a los sonidos. “Recuerdo que nosotros vivíamos en un sitio que se llamaba Pueblo Nuevo, que era, como todos los pueblos nuevos, un lugar hecho de cosas viejas. Mis primeras memorias son de la humedad y el frío del lodo al caminar descalzo. Recuerdo el canto de los gallos. Recuerdo el olor de la tortilla friéndose en una olla, el ruido de la olla. Recuerdo el olor a jazmín”.

Su ropa favorita de niño era un overol celeste, “me encantaba porque tenía muchos bolsillos, podía poner las manos en ellos y eso me daba una sensación de seguridad”. De aquella época proviene su gusto por los sombreros y las gafas de sol.  “Me regalaron una gorra de aviador que me quedaba muy grande pero que me encantaba porque también tenía unos lentes”. Manos de niño que esconder, gorras, gafas de sol, una guitarra usada como un frágil escudo contra el mundo. ¿Será posible que Rubén Blades sea tímido? “Sí… Son contradicciones. Todavía no comprendo por qué razón escogí la música, el cine y la política, cada una más pública que la otra. Creo que fue porque sentí que tenía para ofrecer un argumento que no podía ofrecer otro. Yo empecé escribiendo canciones para otros, pero tenía mucho temor de que las canciones las fueran a desbaratar y entonces empecé a cantarlas yo”.

Llegó a la fama con el sello musical Fania, en plena época dorada de la salsa. La fama. Las tentaciones de la droga y el alcohol. ¿Qué fue lo que hizo que se mantuviera limpio y centrado? “La creación de mi carácter en la casa. La idea de vergüenza, la idea de honor. Además, yo estaba ganando muy poco y no tenía plata para gastar en drogas, o en alcohol, o en idioteces. Yo veía que la gente que estaba metida en drogas era más susceptible a ser explotada. Yo tenía que estar completamente en control de mis acciones y de mis cosas, porque si yo no tengo control me arrastra la corriente”. Un juglar racional, un trovador sensato, más contradicciones.

Rubén Blades es un personaje sorprendente en su complejidad. Un salsero que no baila. “Yo bailo muy mal, porque soy muy penoso. Pero en mi casa bailo muy bien, cuando estoy bailando solo”. Entonces le pregunto entre risas ¿y cómo conquista Rubén Blades? “Hablando. Yo siempre tuve buen argumento”, me dice mientras sonríe con picardía. ¿Qué significa para Rubén Blades amar a una mujer?  “Es entender por qué uno necesita a esa persona. Camus decía que los hombres no aman sin amarse, yo creo que llega un momento en que tú has entendido una serie de cosas que tienen que ver contigo y quién eres, y eso te permite la posibilidad de sentir por otra persona. No es solamente una atracción física sino que hay un argumento casi metafísico. Me interesan las mujeres con las que yo siento que puedo tener un contacto que va más allá del aspecto físico”.

Le gusta hablar, vive las palabras, se interrumpe a sí mismo para intercalar anécdotas, canta y cuenta, y mira a los ojos, siempre. Un tímido que desea, por encima de todo, hacerse entender, dejar claro “su argumento”. Un tímido que quiere enamorar a todo aquel que lo escucha.

Blades le ha cantado a la muerte de su madre, ha criticado las falsas apariencias, las malas decisiones, las dictaduras y el imperialismo. Ha trovado el amor, el desamor y el nacimiento de un hijo. ¿Sobre qué tema no podría nunca escribir una canción? “Los temas tienen que llamarme la atención. Y hay temas que para mí son muy difíciles, por ejemplo, la maternidad. ¿Qué significa tener, sentir una persona dentro por nueve meses? Eso es algo que un hombre jamás entenderá. Yo jamás pretendería escribir sobre eso”. Continúa presente la necesidad de entender, de explicar, de contar algo relevante.

Monica Miguel

About The Author

Related posts

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *