Giovanni: la voz de un tambor alegre

Es la voz de un tambor alegre y optimista que articula sus palabras con la brillantez de un quinto bien afinado.
Giovanni Hidalgo, el percusionista más grande del Planeta Tierra, no pierde la clave a pesar de sus quebrantos de salud, incumplimientos de algunos de sus colaboradores y dificultades financieras.

El afamado percusionista ha sido aclamado por la prensa internacional. (Foto suministrada)

“Me siento bien de salud. Lo que pasa es que mucha gente no entiende que el cuerpo humano envejece”.

Así reaccionó el sensacional virtuoso del tambor a las especulaciones sobre su salud, tras la amputación hace unos meses del dedo anular de su mano izquierda que ya no le permite tocar las tumbadoras, instrumento en que forjó su fama a nivel mundial y que ha representado con altos honores desde mucho antes de la desaparición de los legendarios Mongo Santamaría, Patato Valdés y Ray Barretto.

Considerado el conguero más deslumbrante del Universo, Giovanni se desahogó con este medio alternativo para, de una vez y por todas, poner fin a las conjeturas sobre su salud.

La mañana de la entrevista telefónica, desde su casa en Orlando, Florida, conversamos con el Giovanni de siempre: de muy buen humor, positivo y sencillo. Su jovialidad sigue intacta y a veces revela al niño interior que todos llevamos dentro.

– ¿Puedes tocar las tumbadoras?

“Jamás es lo mismo. Cualquier parte del cuerpo es sumamente importante. Le dije al doctor: ‘pique ahí, que me siento conforme con lo que he hecho’. Así se fue el dedo anular de la mano izquierda”.

Otro músico estaría sumido en la tristeza y la depresión, pero Giovanni no. Es un guerrero de un carácter recio y mucha seguridad en sí mismo. Que un atleta no pueda competir por una dolencia en las piernas es comparable con el desamparo e impotencia que podría sentir el pintor cuyas manos le son amputadas. Pero Giovanni, que reconoce que cada dedo es indispensable en la ejecución de las tumbadoras, vive en paz.

“Hay gente que habla de las cosas de uno sin saber. A mi edad no estoy para eso. Fui yo quien le dije al doctor: ‘pique el dedo’, y desde entonces he hecho mis cositas lo mejor que puedo. No fue una decisión fácil. Cuando le enseñé el dedo le dije: ‘mire doctor, esto es ahora’. Sé que por dentro estaba muy triste. Yo se lo pregunté. A mis 53 años me siento conforme. Estoy tocando congas desde los tres años. Nací el 22 de noviembre de 1963. Son más de 40 años como profesional”.

En sus recientes apariciones artísticas, Giovanni ha tocado la batería y el timbal. El hecho de que continúe activo es una confirmación de su estabilidad emocional, optimismo y arrojo.

Hidalgo sigue de cerca las recomendaciones médicas. (Foto suministrada)

“Estoy acostumbrado a tocar con las manos, con un palo y hasta dos palos porque el tambor se toca con las manos y con palos. Hay una infinidad de tambores en este globo terráqueo. Tambores alegres y armoniosos porque el tambor brinda alegría, sosiego, paz y diversión. Yo toco con los palos. Esa técnica la aprendí de mi padre Mañengue”.

Las imágenes que complementan este reportaje son las más recientes de Giovanni y fueron suministradas por el artista como una confirmación de su salud física y emocional.

“Vivo cómodo. Me alimento bien. Me levanto temprano casi todos los días y camino con mis perros. Corro un poco para estar en salud. Me tomo mis medicinas porque hay que seguir los consejos de los doctores y punto. Es para sobrevivir un poco más”.

Claro, no es que Giovanni haya adoptado el estilo de vida de un monje de clausura. No, no, no. Mañenguito, como le apodan, sale de fiestas porque es parte de su personalidad.

“Pues voy a fiestecitas y me deleito. A veces uno tiene que ir a donde está su gente. Así he sido, soy y seré porque no me puedo olvidar de mis barrios y mi gente. Respeto los consejos de los mayores y todo. Pero uno es mayor de edad y sabe lo que tiene que hacer o dejar de hacer”, expresa con su franqueza habitual el percusionista cuyo disco más reciente “Silver Gold” es comparable con una clase magistral e intensiva de tambores y ritmos afrocaribeños, adaptados al jazz.

Tampoco ha parado de participar en talleres de percusión celebrados internacionalmente. Meses atrás fue uno de los invitados de honor al UDC: Ultime Drump Camp en Canadá.

“Me di esa clase de curada en el campamento. Llevo 10 años asistiendo, gracias a la invitación del director Julian Reusin. Lo lleva Horacio ‘El Negro’ Hernández por nueve años consecutivos. Este año se lo dedicamos a Raúl Rico”.
Una meta, no a muy largo plazo por lo impredecible que es la vida, es abrir una escuela de percusión en Puerto Rico para reciprocar tanto cariño, solidaridad y generosidad recibidos durante su reciente crisis de salud.

“Una escuelita y lo quiero hacer así en la Isla y otra en alguno de los estados. Porque en Puerto Rico hay un talento inmenso y me encanta ver a todos esos timberos tremendos que le meten una yuca dura a los cueros”.

Giovanni, aquí junto a Martin Cohen, agradece el apoyo recibido durante este proceso de salud. (Foto suministrada)

Con disciplina, según afirmó, ordena sus memorias al lado de los grandes y ya trabaja en varias publicaciones que serán parte de su legado.

“Llevo años tranquilo, documentando para mis libros de música y otras facetas más. Lo grabo todo para el libro que publicaré. Tengo bastante trabajo. Quiero que sepan que Giovanni Hidalgo es una persona de una gran diversidad. Digo que no soy el ‘master conguero’, sino que sé lo que toco y cuánto toco. Y mis amigos de África y Cuba lo saben, pero siempre hay que ser humildes”.

El eco del tambor de Giovanni ha resonado en África, Brasil, Cuba, República Dominicana, Panamá, Venezuela, Colombia, Uruguay, Argentina, Perú, Chile, Guyana, Japón, China, Alemania, Inglaterra, Suecia y otras latitudes.

Giovanni es, coinciden los expertos y estudiosos de la música, el percusionista más completo de la historia. Toca todos los instrumentos y no conoce de fronteras rítmicas y estilísticas.

“Desde antes de viajar el mundo lo escuché y estudié todo. Fui a Nueva York con Cachete Maldonado (su mentor en Batacumbele) y de repente fuimos a casa de Andy y Jerry González. Allá escuché las tablas y el jazz, que aquí comprendí con Ana Vélez y Ramón Soto del Taller de Jazz Don Pedro en Santa Rita, Río Piedras”.

El virtuosismo y los conocimientos de Giovanni sustentan su imagen de músico multifacético que toca los ritmos del mundo con dominio absolutos.

No es de extrañar pues que en 2007 Mickey Hart y Zakir Hussain lo reclutaran como estrella de honor del concepto “Global Drum Project”.

El músico no tiene reparos en destacar la labor de muchos de sus contemporáneos. (Foto suministrada)

“Toco con el que sea en el jazz y hasta en el rock & roll… Con los hindúes; en Indonesia; Malasia; con los japoneses y los chinos. Y es que nosotros los boricuas tenemos una melaza tan bella y profunda que los enloquece. Nuestra música jíbara, la bomba, la plena y hasta el merengue, que es oriundo de la parte suroeste de Puerto Rico, donde lo tocaban a guitarra limpia y un palito con un cuero y una membrana, les fascinan”.

Su foto como ‘Master Conguero’ de la compañía LP, de Martin Cohen, ha recorrido el planeta. Giovanni es el maestro del tambor de mayor reconocimiento mundial.

“Cuando veo mi foto y mi afiche me echo para el lado y digo: ‘Wao Man, para tocar igual que ese tipo tengo que tocar y practicar años luces’. Y ese tipo soy yo. Mucha gente piensa que uno habla esto porque está loco y uno está hablando la verdad. Mi primer reto es Giovanni y el primer fanático de Giovanni Hidalgo soy yo mismo. Cuando escucho lo que ha tocado ese tipo, digo: ‘¿cómo voy a hacer eso ahora?’ Si ya no practico como antes: 320 días del año, ocho o nueve horas diarias”.

Y de su generación resalta el talento de David Rosado “Cuba”, Anthony Carrillo, David “La Mole” Ortiz, Celsito Clemente, Tito de Gracia y Willito López. “Esa es mi tribu especial. Nosotros crecimos con los tambores. Es gente que me quiere y con ellos yo sigo. Pero cuando surgen decepciones digo: ‘pa’ lante’. Para la gente buena, amén y para la gente envidiosa, amén”, dijo Giovanni, una de las atracciones del concierto “El Cartel de la Salsa”, pospuesto tras los estragos del Huracán María.

Con el privilegio de ser el puente de la percusión entre dos generaciones de exponentes del jazz y la salsa, en su hora difícil Giovanni ha recibido en vida la ayuda de la industria, amigos y compañeros del ambiente.

Los conciertos benéficos organizados en Estados Unidos han sido un éxito rotundo. “Manos unidas para Giovanni”, celebrado en el Leahman College, fue organizado a iniciativa de Anthony Carrillo, Bobby Allende y Martin Cohen.

El paso del huracán María impidió la celebración de un concierto dedicado a Giovanni en suelo boricua. (Foto suministrada)

“Agradezco a todo el personal que me hizo el concierto de recaudación de fondos en Nueva York. La primera llamada que recibí para eso fue de Anthony. Gracias a Bobby, Javier Báez, Martin y Marc Quiñones jamás olvidaré la noche del 22 de marzo de 2017”, comentó Giovanni del espectáculo que reunió a grandes exponentes de la música, como Paquito D’ Rivera, Rubén Blades, José Alberto “El Canario”, Domingo Quiñones, Tony Vega, Jerry Medina, Eric Figueroa, Sergio George, Bernie Williams, Johnny “Dandy” Rodríguez y otros.

“Están en mi corazón al igual que los señores John Santos y Peter Williams, que el pasado 2 de julio me organizaron otra actividad benéfica en Berkekey, California. Les agradezco eternamente y los tengo en mi corazón”, expresó Giovanni, que el pasado 4 de octubre también fue objeto de otro homenaje coordinado por la firma LP de Martin Cohen en Londres, Inglaterra.

Con una trayectoria que incluye colaboraciones épicas con leyendas como sus “abuelos padres” Tito Puente, Dizzy Gillespie y Art Blakey (así los identifica) y dos premios Grammy (en 1990 y 2008), Giovanni Hidalgo se siente realizado.

“Para el 1979 todo el mundo quería tocar como Giovanni Hidalgo y todavía, en 2017, es así. Ahora me queda aprovechar el tiempo para crear, ayudar a los míos y dar la mano a la nueva generación. Cuido mi espíritu y mi alma. Quiero dejar un buen legado. Lo que tengo es un arsenal de amor, de música y armonía, con mucha diversidad”.

Así finalizó la entrevista con Mañenguito, un amante de la buena cocina y un místico e intelectual que, sin presumir de una falsa erudición, vive convencido de que “la universidad real es la Calle y la Naturaleza, nuestra escuela”.

Fundación Nacional para la Cultura Popular

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